La clave para rendir más y mejor

ENTREVISTA DE CHRIS STANLEY


Según Steven Kotler, las personas que saben "fluir" experimentan el poder de una mayor creatividad, tienen un rendimiento extraordinario y un potencial admirable para la resolución de problemas.

Durante los últimos 20 años, Steven Kotler se ha concentrado en el estudio y análisis del flujo, al que describe como un estado en el que el cerebro humano alcanza, con gran naturalidad, su grado máximo de rendimiento, y permite que las personas sean más productivas, innovadoras y tomen decisiones acertadas. Como resultado de su trabajo, para ayudar a que deportistas, intelectuales y hombres de negocios puedan activar ese estado, fundó el "Flow Genome Project", un programa que pone el énfasis en una serie de condiciones previas o disparadores. "La forma más fácil de entender el fluir es el momento en que toda nuestra atención se centra en una acción determinada", apunta. Poco antes de disertar en el evento WOBI on Leadership México 2016, Chris Stanley lo entrevistó para que explicara lo que, a su juicio, es el "gran secreto del rendimiento humano".

¿Cuál es la definición de flujo?

Técnicamente, es el estado óptimo de la conciencia; ese estado en el que nos sentimos lo mejor posible y podemos lograr el máximo desempeño. Más específicamente, aquellos momentos de gran atención y concentración total, cuando nos enfocamos de tal manera en una actividad que todo lo demás parece desaparecer. De algún modo, la acción y la conciencia se fusionan, y el yo se desvanece. El tiempo pasa de forma extraña: en ocasiones se desacelera, pero con mayor frecuencia se acelera.

"La gente suele pensar que el miedo paraliza. Pero cuando hablamos del desempeño humano en su máximo nivel, en realidad es aquello que nos impulsa a seguir."

¿Cómo se alcanza el estado de flujo?

Debido al sorprendente avance de la biotecnología hemos descubierto que tiene 18 diferentes desencadenantes; es decir, condiciones previas que conducen a un mayor flujo. En esencia, son mecanismos de enfoque del cerebro, maneras de conducir la atención al presente. Por lo tanto, desde una perspectiva evolutiva, aprender a controlar esos desencadenantes del flujo es importante porque nos permite apoyarnos en ellos y, así, disponer de una caja de herramientas de gran utilidad para la vida.

Antes se pensaba que el flujo era binario: alguien estaba en esa "zona" o fuera de ella. Pero, en realidad, es un proceso de cuatro etapas. Y quien logra entenderlo tiene un mapa de la experiencia que, al combinarlo con los desencadenantes, puede producir flujo masivo en su vida.

Usted diseñó un programa llamado "Fundamentos del flujo". ¿A qué conclusiones arribaron?

Hace un año, por medios electrónicos iniciamos una serie de capacitaciones abiertas al público de seis semanas: seis clases de una hora y media cada una. Ya han participado un par de miles de personas. Y las encuestas posteriores demostraron que obtuvieron un incremento de cinco veces en el flujo, acompañado de un aumento de cinco veces en la creatividad y de tres veces en la confianza en sí mismos. En otras palabras 500% más de flujo equivale a 500% más creatividad y 300% más confianza.

¿Podría dar algunos ejemplos de desencadenantes del flujo?

El primero, y más obvio, es la pasión. "Sigue tu pasión" es un consejo que se oye constantemente en el mundo de los negocios, aunque no siempre la gente entiende a qué se refiere. La explicación es muy simple: resulta crucial porque prestamos más atención a aquello que nos apasiona y en lo que creemos. Por lo tanto, la pasión alienta el enfoque, que a su vez potencia el flujo.

Y también lo potencia el riesgo, otro de los desencadenantes. Pero no se trata únicamente del riesgo físico, sino también del social, el intelectual, el creativo, el emocional. Un lema muy utilizado en Silicon Valley dice: "Falla temprano, falla a menudo, falla hacia adelante". Está basado en la idea de que quien tiene espacio para fallar puede arriesgarse, y al tomar riesgos centrará su atención e impulsará el flujo, aumentándolo masivamente. Por otro lado, sin riesgo no es posible lograr algo grande.

Suena paradójico, porque el ser humano tiende a preservarse evitando el riesgo...

Una de las cosas que hemos aprendido es que la mayor parte de las emociones no significan lo que uno cree. El miedo, por ejemplo. La gente suele pensar que paraliza. El razonamiento habitual es: "Tengo miedo, no voy a avanzar". Pero cuando hablamos del desempeño humano en su máximo nivel, el miedo significa aquello que nos ayuda a seguir. Hay que aprender a apoyarse en este significado, y preguntarse: ¿hacia dónde me dirijo?, ¿qué es lo que más me asusta? Guiarse por estos interrogantes es de gran utilidad, aunque parezca contrario a la intuición. Además, el mundo ha cambiado. Basta tener en cuenta que, en el siglo XX, los negocios se basaban en la seguridad, la estabilidad y la aversión al riesgo. En la actualidad, sin embargo, la incertidumbre y la volatilidad de los mercados obligan a actuar de otra manera.

Usted mencionó que en el proceso para potenciar el flujo hay cuatro etapas. ¿Podría detallarlas?

La primera es la que denominamos de "lucha". Es una fase de carga. El cerebro se carga de información, y la mayoría de la gente solo puede captar, de manera consciente, cuatro o cinco datos a la vez. Más allá de ese umbral, se siente frustrada. Y lo percibe como una señal de fracaso, de que no se está entendiendo ni aprendiendo. La realidad es que uno está aprendiendo y moviéndose en la dirección correcta. Cuando nos frustramos es porque hemos sobrecargado nuestra memoria operativa con la información que necesitamos. Solo tenemos que reconocer que es algo positivo, y que nuestro cerebro está funcionando correctamente.

En la segunda etapa, de "liberación", cambiamos el procesamiento consciente por el subconsciente. Por lo tanto, hay que dejar de pensar en lo que se estaba pensando. Para lograr ese objetivo existen diversas técnicas. Una actividad física moderada es la que da mejores resultados: la jardinería y las caminatas largas, por ejemplo. O lo que hacía Albert Einstein, que acostumbraba remar en el lago de Ginebra mientras miraba las nubes. Los estudios han demostrado que las actividades de construcción de modelos en miniatura, o los rompecabezas, también son muy efectivas. En especial porque alejan el problema de la mente y permiten entrar en la tercera etapa, que es la del "flujo" propiamente dicho.

La fase final es la de "recuperación", de suma importancia debido a la crítica correlación entre rendimiento y descanso. Nadie puede lograr el máximo desempeño si no duerme lo suficiente. El estado de flujo, al quemar ciertas sustancias neuroquímicas, en sí mismo es agotador, razón por la cual el descanso resulta imprescindible para poder afrontarlo de manera óptima.

"El flujo, al impulsar el aprendizaje, es de suma importancia para desarrollar las habilidades críticas del siglo XXI: creatividad, colaboración y comunicación."

Ustedes han trabajado con altos ejecutivos. ¿Cómo manejan el flujo?

Las investigaciones demuestran que el individuo promedio pasa, sin darse cuenta, entre un 5 y un 20% de su vida laboral en estado de flujo. Los altos ejecutivos superan esos porcentajes. Lo que no saben es que tienen que recuperarse en la fase final. A menudo, una vez alcanzado el objetivo que se propusieron, intentan otro en la mitad del tiempo, con la mitad del equipo y la mitad de los recursos. Al actuar así, sin la suficiente recuperación, bloquean el acceso del flujo, que es justamente lo que necesitan para alcanzar metas superiores.

Cuando hacen una capacitación para potenciar el flujo, ¿qué le recomiendan a la gente?

Lo primero que les aconsejamos es no encarar varias tareas al mismo tiempo. El multitasking no es una práctica que beneficie al flujo. Los períodos dedicados a la concentración son mejores. Mi recomendación es comenzar el día con un bloque de 90 minutos de concentración ininterrumpida en la tarea más difícil. Obviamente, enfocarse en ella exigirá apagar el celular, no responder e-mails y cerrar la puerta de la oficina.

No parece fácil porque, a medida que nuestro entorno se ve afectado por los dispositivos digitales, las posibilidades de lograr concentración plena en una tarea disminuyen. Y, al mismo tiempo, parecería que nos volvemos adictos al multitasking.

Así es. Ante determinadas situaciones, el cerebro libera dopamina, una sustancia altamente adictiva. Estudios realizados por la Universidad de Stanford revelan que la incertidumbre es una de las mayores fuentes de dopamina. Por ejemplo, cuando esperamos un mensaje de Facebook o un correo electrónico, y no sabemos si llegó, lo que hacemos es tratar de corroborarlo. Y en ese proceso se produce un 400% de aumento de la dopamina. Literalmente, por lo tanto, somos físicamente adictos a nuestros dispositivos digitales. La buena noticia es que, en estado de flujo, el cerebro se inunda de dopamina y de otros cuatro neuroquímicos que estimulan el placer: serotonina, norepinefrina, endorfinas y anandamida. En consecuencia, una vez que comienza el flujo es muy adictivo, y tiene el poder de superar a la adicción digital.

¿Ha encontrado en sus investigaciones una relación entre el flujo y la innovación?

En realidad, trabajo en la intersección de la tecnología disruptiva y la capacidad humana. Y creo que uno de los principales puntos donde se cruzan es la creatividad, que está asociada a un conjunto específico de sistemas neurobiológicos. Lo que sabemos es que la creatividad requiere del acceso a información novedosa en la parte frontal del cerebro, junto con un mayor reconocimiento de patrones, de modo tal de poder conectar esa información con ideas remotas, que son las que provienen del pensamiento lateral. En consecuencia, al amplificar esos sistemas neurobiológicos aumentan el pensamiento creativo, la toma creativa de decisiones, la solución creativa de problemas y la capacidad de innovar.

Por otro lado, también sabemos que en estado de flujo asimilamos más información por segundo, la procesamos con mayor profundidad, y encontramos más conexiones entre esa información y las viejas ideas. De hecho, el flujo realza masivamente los tres aspectos del triángulo del alto rendimiento -acelera el aprendizaje, amplifica la creatividad y aumenta la motivación- y parece impulsar la innovación.

¿Hay ejemplos de empresas que han adoptado prácticas para potenciar el flujo en sus empleados?

Salim Ismail, de la Singularity University, dice en Exponential Organizations que identificó más de 100 compañías que, al aplicar los principios de Bold, el libro que escribimos con Peter Diamandis y en el que hablamos del flujo, están superando a la competencia en un 1.000%. Han tenido un crecimiento exponencial, y menciona los casos de Google, Facebook y Quirky, entre otros.

Paralelamente, nosotros analizamos una serie de startups exitosas, y descubrimos que se caracterizan por la cantidad de flujo que producen. El flujo, al impulsar el aprendizaje, es importante para desarrollar las habilidades críticas del siglo XXI: creatividad, colaboración, comunicación.

Pero no es algo que solo ocurra en la actualidad. Arie de Geus, uno de los más grandes teóricos de los negocios, estudió las empresas más longevas de la historia. Y detectó lo que todas tenían en común: podían aprender más rápido que la competencia. El flujo acelera el aprendizaje más que cualquier otra cosa.

La clave para rendir más y mejor, según Steven Kotler.

¿Cómo funciona el flujo en un grupo?

En realidad es una propiedad emergente en los grupos. Ya hemos hablado de los neuroquímicos que intervienen en el estado de flujo. Todos son de vinculación social. Por lo tanto, aumentan sustancialmente la unión, la confianza y el espíritu de equipo.

Usted habló de una serie de desencadenantes diferentes del flujo. ¿Un equipo de trabajo requiere de un cierto número en común?

Sí. Además de concentración, objetivos compartidos -para que todos estén en sintonía-, buena comunicación, familiaridad, decir siempre "Sí... y", que es la primera regla de la improvisación. También es fundamental que en los equipos haya diversidad, pero todos deben tener un nivel de habilidades similar para facilitar un lenguaje común.

En uno de sus libros menciona un experimento en el que se indujo el flujo artificialmente, mediante la tecnología. ¿Cómo se logra?

Hay dos maneras de hacerlo. La primera, y más fácil, es con la neuro-retroalimentación, un método basado en la electroencefalografía que tiene por objeto modificar selectivamente determinados parámetros de la actividad cerebral. El individuo sometido a la neuro-retroalimentación ni siquiera debe saber qué es el flujo, pero sus ondas cerebrales se mueven para acercarse a él y obtener el máximo rendimiento cognitivo. Ya hay juegos de video que aplican ese método.

La segunda manera es mediante la estimulación magnética transcraneana. Sabemos que la corteza prefrontal, que rige las funciones cognitivas superiores, se apaga en estado de flujo. Es por eso que el sentido de uno mismo desaparece. Y el tiempo pasa extrañamente porque se calcula en la corteza prefrontal. Pero cuando partes de ella comienzan a apagarse ya no es posible medirlo. Entonces, lo que se hizo en Australia fue aplicar la estimulación magnética transcraneana. Dispararon un pulso magnético a través de la corteza prefrontal y, simplemente, la "noquearon" temporalmente. Por ahora es un experimento, y tiene que personalizarse para cada individuo. Pero llegará el momento, en cinco o 10 años, en que podrá hacerse con inteligencia artificial.

Si en algún momento todos seremos capaces de llegar a un estado de flujo, ¿el rendimiento se nivelará? ¿O habrá personas más productivas que otras?

Depende de cuánto nos involucremos en otras mejoras cognitivas, como las interfaces cerebro-mente. ¿La tecnología permitirá aumentar la capacidad de nuestro cerebro? Ray Kurzweil cree que sí. Dice que mediante la biología sintética será posible modificar nuestros códigos genéticos para producir más. En lo personal, pienso que puede haber ventajas y desventajas cognitivas. Si alguien se entrena para desarrollar una capacidad, otra disminuirá. Porque así es cómo funciona el cerebro. En las personas que padecen el síndrome de déficit de atención, por ejemplo, la red neuronal por defecto se enciende muy rápidamente y produce un aumento masivo de la creatividad, pero al mismo tiempo disminuye la capacidad de concentrarse en una tarea. En definitiva, el cerebro tiende a equilibrarse. Por lo tanto, parecería que no es posible lograr ambas cosas a la vez.

¿Hay un vínculo entre el flujo y el propósito?

La pasión que dispara el flujo es, en esencia, la curiosidad personal. El propósito apunta a que esa curiosidad individual deje de ser egoísta y se una a la solución de un problema global.

© WOBi

Chris Stanley es director de contenidos de eventos de WOBI.

Tecnología y capacidades

Steven Kotler, periodista, escritor y emprendedor, se ha especializado en estudiar la intersección de la tecnología y las capacidades humanas. En 2012 fundó el Flow Genome Project. Ha escrito dos libros en coautoría con Peter Diamandis: Abundance: The Future Is Better Than You Think (2012) y Bold: How to Go Big, Create Wealth and Impact the World (2015). También es el autor de The Rise of Superman: Decoding the Science of Ultimate Human Performance (2014). Sus artículos se publicaron en más de 80 periódicos y revistas: The New York Times, Atlantic Monthly, Forbes, Wired y TIME, entre otros. Ha trabajado para empresas como Google, JP Morgan, Omnicom Media y Menlo Ventures

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